Lucia, ¿vaya nombre eh?. Eso se preguntaba Aurora en esa noche
lluviosa. Ella no sabia por qué esos ojos la habían calado tanto,
no entendía ciertas cosas que ocurrieron en su cuerpo. ¿Por qué,
en esa noche tan lluviosa, su juventud había llamado a su puerta con
tanta urgencia?.
En su cama, recuerdos de esos ojos que la atormentaban. Eso no era lo
normal en sus noches de invierno. Normalmente existían otras cosas
en su mente que la entretenían de la manera en que los ojos de
Lucia pretendían.
Mientras Lucía seguía bailando en un rincón. Su humor sobrepasaba
todas las adversidades de este cruel mundo. Pensando en lo genial de
la noche, y en que la común Aurora era una próxima candidata a
diosa del Olympo.
Ella no pretendía asustarla. Lucía nunca sabe como actuar con ese
tipo de chicas. Ya me entendéis, ese tipo de chicas que están
acostumbradas que un hombre sea el que le revise el cigüeñal de su
jaguar. Lucia llego a casa, cargo sus fotos en el ordenador, etiqueto
a cada uno de los protagonistas de la noche. Amigos de toda la vida y
sus amigos, entre ellos Aurora.
Y casi sin querer, sin ponerle ningún argumento posible, Lucia y
Aurora acabaron en un bueno local de la querida costa del
sol,bebiendo unos mojitos que ni el mismo Dionisio hubiese preparado
si en ron fuese vino.
Aurora con gran gusto musical recordó Santa Lucía. Y bueno ya
sabes, las canciones a veces pueden hacer mas efecto que un padre
nuestro.
Nervios a las 10 surgieron tras ese atardecer, donde unos mojitos
pueden decidir donde duermen estos vampiros.
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